EMPRENDIMIENTO Y PANDEMIA

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La Caldera de Renan, parrillada y terraza

Por Josué Vernaza

Esta es la historia de Renán Calderón, un hombre que persiguió su sueño de tener un negocio parrillero en la terraza de su vivienda. Anteriormente, tenía un local de desayunos y almuerzos en el centro de la ciudad de Guayaquil, donde le iba muy bien, ya que generaba una cantidad considerable de ingresos;sin embargo, la idea de él siempre estuvo enfocada en los asadores, por esa razón, se dedicó en hacer realidad lo que se había planteado antes de incursionar en los emprendimientos gastronómicos, y fue allí, cuando surgió el nombre de “La Caldera de Renan”. Con esfuerzo, se empezó a atraer a los clientes. Actualmente, cuentan con dos años de trabajo y una de sus ideas principales es tener una o dos sucursales en un futuro.

“Lo más adquirido por nuestros clientes, son la parrillada sencilla que tiene un valor de $18. Mientras que las costillas están en $11. Ambos platos se los puede acompañar entre dos y tres personas”, cuenta Renan. Obviamente, todo lo que venga del asador tiene que estar añadido con una buena porción de arroz y menestra, eso es algo que La Caldera incluye en sus combos. Aunque también hay otras guarniciones especiales (moro, porción de ensalada de aguacate, papas fritas, patacones), pero eso dependerá del tipo de parrillada que se vaya a elegir; ya sea sencilla, doble o familiar.

La pandemia del coronavirus disminuyó los ingresos del negocio de La Caldera de Renan. El propietario cuenta que fueron momentos difíciles, pero siempre se mantuvo la fe intacta. “Tuvimos cuatro meses con baja clientela. Con el paso del tiempo, ya tenemos una cantidad considerable como era antes”. Cabe recalcar que todavía existen personas con pánico de acudir a restaurantes o lugares con aglomeración. Sin embargo, se puede utilizar el servicio a domicilio para evitar estar cerca de otros, por eso, se hizo el esfuerzo para satisfacer esas necesidades. “Con esta pandemia, tuvimos que resolver esas inquietudes. Mucha gente lo pedía. Entonces, lo agregamos. Contamos con un motorizado encargado. Gracias a Dios, nos ha ido bien y nos ha resultado”, indicó.

Para Renan, tener su parrillada ha sido lo mejor que le ha pasado. Las personas han estado muy satisfechas con la variedad de carnes que cuenta el negocio. Aunque siempre sale aquel que desea comer platos de su país, y más de uno ha solicitado el tradicional encebollado. Fue un poco dudoso cambiar el concepto, pero en la vida siempre hay que arriesgarse y tomar decisiones. Para no perder la línea, se escogieron los fines de semana, realizando lo que el pueblo pedía, con precios económicos y con servicios a domicilio. Hay otras comidas típicas que se venden, puede que no tenga mucha dificultad para quienes están en capacidad de hacerlo, pero si viene alguien y te solicita algo gourmet, seguro se pensará mucho en dar una respuesta. La familia Calderón se ha preparado en el estilo gourmet, pero solo lo hacen para eventos. Pocos negocios tienen esa versatilidad, y La Caldera, lo tiene.

Todo emprendedor siempre desea lo mejor, yendo a puntos o lugares clave para atraer a más clientes. “Soñamos con tener una o dos sucursales”, cuenta Renan. Con dos años de trabajo, los clientes han demostrado su cariño por la buena atención que reciben. Algunas veces, la mentalidad de una persona se enfoca en dejar de llamar algo como un emprendimiento para convertirlo en algo grande. “Buscamos crecer como empresa. Si llega a existir una estabilidad económica considerable, esperamos abrir un nuevo local”. Varios han motivado a la familia Calderón para ir por la expansión, pero ellos lo toman con tranquilidad y saben que pronto llegará ese momento.

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